Licencias energéticas de OFAC y el equilibrio estratégico del mercado petrolero
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- hace 6 días
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Por Andres Rioseco A., Chief Market Strategist.
La reciente licencia emitida por la Office of Foreign Assets Control (OFAC), dependiente del U.S. Department of the Treasury, que permite completar determinadas transacciones energéticas pese a regímenes de sanciones, debe entenderse dentro de una lógica estratégica más amplia. Este tipo de medidas no representa una relajación política, sino un instrumento sofisticado para gestionar simultáneamente geopolítica, estabilidad del mercado energético e inflación global.
En el sistema energético internacional actual, las sanciones rara vez buscan detener completamente los flujos de petróleo. Su verdadero objetivo suele ser modificar los incentivos y reconfigurar las rutas comerciales sin provocar una interrupción abrupta del suministro global. La razón es simple. El petróleo sigue siendo uno de los principales transmisores de inflación en la economía mundial, y cualquier shock importante en el precio del crudo puede tener consecuencias macroeconómicas inmediatas.
Actualmente el mundo consume cerca de 102 millones de barriles diarios de petróleo. Aproximadamente 100 millones de barriles diarios se producen y consumen de manera regular, lo que significa que incluso pequeñas disrupciones pueden tener efectos desproporcionados en los precios. El mercado físico del petróleo opera con márgenes de ajuste relativamente estrechos. Un déficit temporal de apenas 1 o 2 millones de barriles diarios puede provocar movimientos significativos en el precio del crudo.
Este contexto explica por qué Washington tiende a calibrar cuidadosamente el impacto de sus sanciones energéticas.
Inflación energética y política monetaria
El petróleo tiene una capacidad única para transmitir inflación al resto de la economía. Cuando el precio del crudo Brent supera niveles cercanos a 100 dólares por barril, el impacto comienza a trasladarse rápidamente a múltiples sectores de la economía global. El transporte, la logística, los fertilizantes, los plásticos y una gran parte de las cadenas industriales dependen directa o indirectamente del precio de la energía.
Históricamente, varios episodios inflacionarios en Estados Unidos han coincidido con fuertes alzas en el petróleo. Durante el shock energético de 2022, el Brent superó brevemente los 120 dólares por barril, mientras que la inflación en Estados Unidos alcanzó niveles cercanos al 9 por ciento anual, el nivel más alto en más de cuatro décadas.

Para la Reserva Federal, el precio del petróleo se convierte entonces en un factor crítico dentro del manejo de expectativas inflacionarias. Un aumento prolongado del crudo puede dificultar el control de la inflación, obligando al banco central a mantener tasas de interés más altas durante más tiempo. Esto, a su vez, impacta el crecimiento económico global y los mercados financieros.
Desde esta perspectiva, la política energética y la política monetaria terminan entrelazándose. Las decisiones regulatorias relacionadas con sanciones y licencias energéticas pueden tener efectos indirectos en la estabilidad macroeconómica.
Un mercado extremadamente sensible a la geopolítica
El sistema petrolero global también está altamente concentrado en ciertos puntos geográficos críticos. Aproximadamente 20 millones de barriles diarios, es decir cerca del 20 por ciento del comercio marítimo de petróleo, atraviesan el Estrecho de Ormuz cada día. Este corredor conecta las exportaciones energéticas de países como Arabia Saudita, Irak, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos con los mercados internacionales.
Otro punto crítico es el Canal de Suez y el oleoducto SUMED en Egipto, por donde transitan alrededor de 6 a 7 millones de barriles diarios entre crudo y productos refinados. Cualquier interrupción en estas rutas puede alterar el equilibrio del mercado global.
A esto se suma la reorganización del comercio energético que ocurrió tras la invasión de Ucrania en 2022. Antes del conflicto, Rusia exportaba grandes volúmenes de crudo hacia Europa. Tras la imposición de sanciones occidentales, el comercio se redirigió hacia Asia. Actualmente Rusia continúa exportando entre 7 y 8 millones de barriles diarios de crudo y productos refinados, gran parte de los cuales se dirigen a países como India y China.
India, por ejemplo, pasó de importar cantidades marginales de crudo ruso a convertirse en uno de sus principales compradores. En algunos momentos de 2023 y 2024, el crudo ruso representó más del 35 por ciento de las importaciones totales de petróleo de India. Parte de ese crudo es refinado y luego reexportado como productos derivados hacia otros mercados internacionales.

Importaciones de crudo en 2024. Fuente: Atlas of Economic Complexity, Harvard.
Este tipo de reconfiguración demuestra que los flujos energéticos globales rara vez desaparecen. Simplemente cambian de dirección.
El rol estructural de las trading houses
En este sistema complejo, las grandes casas de trading físico de commodities desempeñan un papel fundamental. Empresas como Vitol, Trafigura, Glencore o Gunvor operan como intermediarios logísticos y financieros dentro del comercio global de energía. Estas compañías comercian millones de barriles diarios de petróleo y controlan extensas redes de infraestructura energética. Manejan flotas de buques petroleros, acceso a almacenamiento estratégico, terminales portuarios y relaciones comerciales con productores, refinadores y gobiernos en múltiples regiones.
En muchos casos, estas trading houses manejan volúmenes comparables a los de algunos países productores. Se estima que Vitol, por ejemplo, ha llegado a comerciar más de 7 millones de barriles diarios de petróleo y productos refinados, mientras que Trafigura maneja volúmenes similares cuando se consideran todas sus operaciones energéticas.
Cuando las sanciones limitan las transacciones directas entre productores y consumidores, estas compañías suelen convertirse en los nodos que permiten que el sistema continúe funcionando. Su capacidad logística y financiera les permite reorganizar rutas comerciales, estructurar contratos complejos y adaptar cargamentos a las condiciones regulatorias vigentes.
El resultado es un sistema altamente flexible en el que los flujos energéticos rara vez se detienen por completo.
La estrategia energética de Estados Unidos en un mundo fragmentado
Dentro de este contexto, las licencias energéticas emitidas por OFAC cumplen una función estratégica muy específica. Permiten mantener una presión política sobre ciertos actores sin provocar una interrupción abrupta del suministro global.
Para Estados Unidos, el desafío consiste en equilibrar varios objetivos simultáneamente. Por un lado, mantener influencia geopolítica frente a competidores estratégicos como Rusia y China. Por otro lado, evitar que los precios de la energía generen presiones inflacionarias que afecten a su propia economía y a aliados clave como la Unión Europea.
Las licencias energéticas funcionan entonces como una válvula de ajuste dentro de este sistema. Permiten que ciertas transacciones continúen bajo marcos regulatorios específicos, evitando disrupciones severas en el mercado físico del petróleo.
En un mundo donde el comercio energético se ha vuelto cada vez más multipolar, la capacidad de gestionar estas dinámicas se ha convertido en una herramienta clave de poder económico. Las sanciones, las licencias regulatorias y el comercio físico de commodities forman hoy parte de una misma arquitectura estratégica.
El petróleo sigue siendo el recurso energético más importante del sistema económico global. Controlar su flujo, incluso de forma indirecta, continúa siendo una de las herramientas más poderosas dentro del tablero geopolítico internacional.
Chile y su dependencia energética
En este contexto global, Chile presenta una alta dependencia de la energía importada. El país produce volúmenes muy limitados de hidrocarburos y debe importar cerca del 95 % del petróleo que consume, principalmente en forma de crudo y combustibles refinados referenciados al Brent.
Esta dependencia implica que las variaciones en el precio internacional del petróleo se transmiten rápidamente a la economía local, afectando los precios de los combustibles, los costos logísticos y la inflación. Para mitigar parte de esta volatilidad, Chile opera el Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (MEPCO), que busca suavizar las fluctuaciones de corto plazo.
Aunque el país ha avanzado con fuerza en energías renovables, sectores clave como el transporte, la minería y la logística continúan dependiendo de combustibles fósiles importados. Por esta razón, los movimientos en el mercado energético global —incluyendo sanciones, conflictos geopolíticos o disrupciones en rutas comerciales— siguen teniendo un impacto relevante sobre la economía chilena y el tipo de cambio.
Para grandes empresas con exposición relevante a materias primas energéticas —como petróleo, combustibles refinados o GNL— la gestión activa del riesgo de precios se vuelve un componente clave dentro de la estrategia financiera. Si su organización busca estructurar coberturas o evaluar soluciones de gestión de riesgo en mercados energéticos, puede contactarnos a través de esta misma página o escribirnos a info@mesadinero.com para coordinar una conversación con nuestro equipo especializado.



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