Los datos empiezan a cerrar el círculo: inflación que cede y un mercado en fase de transición
- MESADINERO SpA
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PMIs, curva de tasas y empleo empiezan a definir el tono del inicio de 2026
Por Andres Rioseco, Chief Market Strategist
Una economía lejos de los extremos
Las cifras conocidas en las últimas sesiones comienzan a construir una narrativa más consistente sobre el punto del ciclo en el que se encuentra la economía estadounidense. Lejos de los extremos —ni recesión inminente ni un rebrote inflacionario— los datos sugieren una transición hacia una fase de crecimiento más equilibrado, con presiones inflacionarias que continúan moderándose. Esta lectura macro ha comenzado a reflejarse también en la composición de los flujos de mercado, que desde diciembre muestran una rotación gradual fuera de posiciones defensivas hacia sectores más sensibles al ciclo.

Manufactura: aún contractiva, pero con señales de estabilización
El PMI manufacturero del ISM publicado el lunes se ubicó en 47,9, por debajo del consenso (48,3) y del registro previo (48,2), confirmando que la industria sigue en terreno contractivo. Sin embargo, el desglose del informe entrega un mensaje más matizado. Las nuevas órdenes repuntaron a 47,7 desde 47,4, sugiriendo que la demanda podría estar tocando piso. Al mismo tiempo, el subíndice de precios pagados se mantuvo en 58,5, claramente por debajo de lo esperado (59,0), reforzando la señal de desaceleración inflacionaria. El componente de empleo manufacturero mejoró a 44,9 desde 44,0, aún débil, pero consistente con una desaceleración ordenada y no con un ajuste abrupto del mercado laboral.

Servicios: desaceleración sin ruptura
El PMI de servicios de S&P Global publicado hoy vino a complementar ese cuadro. El índice final cerró en 52,5, por debajo del 54,1 de noviembre y levemente bajo el consenso (52,9), pero todavía firmemente en zona de expansión. El PMI compuesto, en 52,7, confirma que la economía pierde algo de momentum respecto al cierre de 2025, pero sigue creciendo.

El verdadero test: ISM de servicios
Sin embargo, el verdadero test para el mercado llegará mañana con el PMI de servicios del ISM, un indicador con mayor peso tanto en la lectura del ciclo como en la formación de expectativas de política monetaria. El consenso espera un nivel de 52,3, levemente por debajo del 52,6 previo, lo que mantendría al sector servicios en expansión, pero confirmando una desaceleración gradual. Más allá del titular, el foco estará en los componentes de actividad, nuevas órdenes, empleo y precios, ya que serán determinantes para evaluar si la moderación del crecimiento sigue viniendo acompañada de una inflación más contenida, o si persisten rigideces que puedan incomodar a la Reserva Federal.

La curva de tasas valida el mensaje de los datos
Esta combinación —manufactura contractiva, pero estabilizándose y servicios desacelerando sin caer— se ha reflejado de forma bastante clara en la curva de tasas. Tras el dato manufacturero, los rendimientos de largo plazo cayeron con fuerza, reflejando una revisión a la baja de las expectativas inflacionarias. En la sesión posterior, se observó una corrección parcial, con un repunte más marcado en los tramos largos que en los cortos. Este movimiento no apunta a un giro restrictivo, sino a un ajuste técnico que reduce el aplanamiento previo y sugiere que el mercado comienza a descontar que el crecimiento no se está deteriorando al ritmo que algunos temían.

Rotación sectorial: del refugio a la sensibilidad cíclica
En paralelo a esta lectura macro, el comportamiento relativo de los sectores refuerza la idea de una fase de transición. Desde comienzos de diciembre, el mercado ha evidenciado una rotación progresiva hacia segmentos más cíclicos y ligados a la llamada old economy. El sector industrial acumula una variación cercana a 4,7%, materiales avanza alrededor de 6,1%, y el sector financiero muestra un desempeño positivo de 2,5% en el mismo período.
En contraste, los sectores tradicionalmente defensivos han quedado rezagados. Utilities acumula una caída cercana a 6,1%, salud se mantiene prácticamente plana, y consumo básico retrocede en torno a 2,4%. Esta divergencia es consistente con un entorno donde el mercado comienza a reducir la probabilidad de escenarios extremos y a buscar exposición a mayor beta.
Este proceso suele anteceder una segunda etapa de rotación hacia activos de mayor sensibilidad al crecimiento. En ese sentido, sectores como tecnología y consumo discrecionario ya muestran avances de 2,1% y 2,2%, respectivamente, desde inicios de diciembre. En conjunto, esta secuencia —primero cíclicos tradicionales, luego sectores de mayor beta— es típica de períodos de transición hacia un escenario “Goldilocks”, donde el crecimiento se sostiene mientras la inflación continúa moderándose.

Nuestra visión: inflación a la baja y crecimiento en validación
Desde Mesadinero, nuestra lectura es consistente con este comportamiento. Para enero y febrero, nuestra visión base es la de una aceleración del crecimiento junto con una desaceleración de la inflación. Proyectamos que el PIB real interanual del primer trimestre promediará en torno a 2,75%, mientras que el IPC titular promediará cerca de 2,83% en el mismo período. Dentro del trimestre, enero y febrero concentrarían la mayor parte de la caída del IPC, apoyados por efectos base, normalización de precios en bienes y una moderación más visible en servicios.

FX y activos reales: lectura de transición, no de estrés
Este escenario también ayuda a entender el comportamiento de los mercados de divisas. El dólar ha mostrado fortaleza intermitente, más asociada a ajustes de posicionamiento y a movimientos en la curva de tasas que a un cambio estructural en la narrativa macro. En un contexto de crecimiento que mejora en el margen y una inflación que sigue cediendo, el dólar tiende a perder parte de su atractivo defensivo, mientras las monedas más vinculadas al ciclo y a commodities encuentran soporte. Al mismo tiempo, el oro mantiene un sesgo alcista como cobertura frente a tasas reales aún contenidas y a riesgos geopolíticos latentes, sin que ello implique una señal de estrés sistémico.

Empleo: el último filtro antes de cerrar la semana
El próximo hito relevante será el dato de empleo no agrícola del viernes. El consenso apunta a una contracción del empleo, pasando de 64 mil en noviembre a 55 mil en diciembre. De confirmarse, este resultado sería coherente con nuestra lectura previa de diciembre, la cual señalamos hace algunos meses como un mes contractivo en términos de actividad y empleo. Lejos de invalidar el escenario central, este ajuste encaja dentro de una narrativa de soft landing, donde el enfriamiento del mercado laboral actúa como válvula de alivio para la inflación, sin provocar un deterioro abrupto del ciclo.

Un escenario constructivo, pero no lineal
Para los mercados, un NFP débil pero ordenado reforzaría la idea de que la desaceleración de fines de 2025 fue transitoria y que la economía entra a 2026 con mejores fundamentos para una recuperación gradual en enero y febrero. En ese contexto, las tasas largas podrían mantenerse contenidas, las acciones sostener un sesgo constructivo y el dólar permanecer sin una tendencia clara.
Sin embargo, el horizonte no es lineal. Desde abril en adelante, el panorama macro podría volver a girar hacia un tono más contractivo, a medida que se disipen los efectos base favorables y que el impacto acumulado de la política monetaria se haga más evidente. En ese escenario, la aversión al riesgo podría reaparecer con mayor fuerza, reactivando flujos defensivos y devolviéndole soporte estructural al dólar.
Conclusión: una fase de validación clave
Por ahora, el mercado avanza en una fase de transición. Más que reaccionar a un solo dato, está intentando validar si el enfriamiento de fines de año fue el punto más bajo del ciclo o el inicio de algo más profundo. Los próximos días —con el ISM de servicios y el empleo— serán clave para responder esa pregunta.